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Aldeas Infantiles SOS publica una guía para el cuidado de la salud mental infantil durante COVID-19

  • diciembre 20, 2020

La pandemia de COVID-19 y el cautiverio que tenemos pueden tener múltiples efectos en la salud mental de los niños y las familias. Para reducir este impacto, Aldeas Infantiles SOS ha desarrollado una guía con consejos prácticos para ayudar a las familias a lidiar con el estrés y el estrés de sus hijos.

La organización para el cuidado directo de la infancia destaca que la salud mental de los niños es especialmente vulnerable en tiempos de crisis como la actual y explica que los niños que han pasado por cuarentena han mostrado un nivel estrés post traumático cuatro veces el promedio de los que no fueron encarcelados.

Los niños y las niñas pueden responder a una situación difícil o perturbadora de diversas formas: aferrándose a sus padres o cuidadores, sintiéndose ansiosos, retraídos, enojados o molestos, tener pesadillas, mojar la cama o mostrar frecuentes cambios de humor, entre otras cosas.

Para ayudar a los niños pequeños a sobrellevar el estrés durante la prisión, Aldeas Infantiles SOS recomienda una serie de comportamientos:

  • Alentar escucha activa y una actitud comprensible hacia ellos.
  • Cree un entorno más sensible y adjunto de lo habitual a su alrededor.
  • Ayúdalos a encontrar formas positivas expresa tus sentimientos que los perturban, como la ira, el miedo y el dolor.
  • Diles lo que está pasando, dáselo información clara y envejecer cómo reducir el riesgo de infección y mantenerse a salvo.
  • Mantenerlos rutinas y horarios regulares o cree otros nuevos que incluyan aprendizaje, juego, ejercicio y relajación.
  • Siempre que sea seguro para ellos, asegúrese de que los niños estén cerca de sus hijos. padres y familiares.
  • Si están separados de sus padres o tutores habituales, asegúrese de contacto regular ya menudo con ellos, lo que les da confianza y seguridad.

Cerramiento y salud mental

La guía publicada por Aldeas Infantiles SOS también describe los posibles efectos que el brote y el cese del COVID-19 podría tener en la población a corto y largo plazo. Así, el documento indica que es normal sentir triste, angustiado, preocupado, confundido, asustado o enojado durante la crisis; y que mantener la calma, organizar una rutina diaria y tratar de mantener un estado positivo es clave para proteger la salud física y mental y la capacidad de aceptar y controlar nuestros sentimientos.

Entre los primeros efectos negativos se encuentran el miedo a la infección, la preocupación por el bienestar de los seres queridos, especialmente los niños y los ancianos, y el deterioro de la salud física y mental de las personas más vulnerables. Es especialmente traumático incapacidad para seguir a familiares enfermos en sus últimos momentos y asistiendo a funerales o participando en otros rituales sociales que ayudan a las personas a sobrellevar el dolor.

A la larga, esta situación puede conllevar un deterioro de las redes sociales, desconfianza en la información que se brinda a los ciudadanos e incluso un posible estigma hacia los pacientes sobrevivientes o hacia determinadas nacionalidades o grupos por temor a contagiarse.

Lo más positivo es que Aldeas Infantiles SOS aseguran que algunas personas pueden tener experiencias muy positivas, como Orgullo de encontrar formas de afrontar la situación y resiliencia. «Cuando se enfrentan a un desastre, los miembros de la comunidad a menudo muestran un gran altruismo y cooperación, y las personas pueden experimentar una gran satisfacción al ayudar a los demás», concluye la guía.

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