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En materia de financiación pública: la Iglesia católica y los partidos políticos

  • diciembre 12, 2020

¿Es demasiado? Bueno, depende de con qué te estés comparando. Si se elige, por ejemplo, el año 2015 en el que la Iglesia recibió 249 millones, esto se puede comparar, por ejemplo, con las subvenciones públicas que partidos politicos ese mismo año y ascendió a 246 millones, sumando los subsidios del gobierno central junto con los subsidios del gobierno local.

Para valorar este esfuerzo de financiación ciudadana, conviene comparar estas dos cifras con el efecto creado por la Iglesia por un lado y los partidos políticos por otro. Todo el mundo tiene la libertad de sacar sus propias conclusiones, pero hay dos diferencias importantes en las condiciones de financiación que deben destacarse.

El modelo de financiación pública de la Iglesia se basa en distribución de impuestos en el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF).

Los contribuyentes de la renta pueden, a su declaración, optar por destinar un porcentaje de su cuota total a la cooperación con el apoyo económico de la Iglesia Católica y otros fines de interés social. Tampoco pueden utilizar ninguna posibilidad.

En cualquier caso, independientemente de su decisión sobre el reparto de impuestos, el importe final de los impuestos que pagan o la devolución a la que tienen derecho no cambia. Es decir, todo contribuyente libre o sin marcar X expresar su voluntad positiva o negativa de apoyar las actividades de la Iglesia.

Sin embargo, el financiamiento de los partidos políticos se basa en un sistema de subsidios públicos en el que no se asesora al contribuyente ni se le da la oportunidad de opinar. Son ellos Los propios políticos que deciden la financiación. Con estas premisas, no es de extrañar que la financiación de los partidos políticos no haya dejado de crecer.

Si hay datos disponibles en apoyo público otorgado a partidos políticos desde sus inicios (1978) hasta 2015, se puede ver que se han multiplicado por 24 (ver Gráfico 1).

Otra diferencia importante en el modelo de financiamiento de la Iglesia Católica es que los fondos de asignación de impuestos representan solo un porcentaje (24%) del financiamiento total que recibe la Iglesia.

La tabla de financiación es muy diferente en el caso de los partidos políticos. Según los datos del Tribunal de Cuentas de junio de 2015, la financiación pública de los partidos políticos supuso el 82,25% de la financiación total.

España es un país de Europa que más subvenciones de fondos públicos a organizaciones políticas: 88%. Si bien es cierto que las subvenciones públicas son la principal fuente de financiación de los partidos en Europa, con un porcentaje medio del 67% de los ingresos totales (ver Gráfico 2), ningún país supera los porcentajes de España.

Por tanto, no es de extrañar REINO UNIDO, al tener el sistema parlamentario más antiguo y consolidado, es el estado que proporciona menos subsidios políticos a los partidos políticos.

Durante el período 2000-2010, la financiación osciló entre el 2% del Partido Laborista (entonces en el gobierno) y el 51% del Partido Unionista Democrático. En el mismo período, el Partido Conservador, que estaba en la oposición, recibió en promedio solo el 15% de los fondos públicos. Es ilustrativo que, a diferencia de España, en el Reino Unido, el partido que recibe el porcentaje más bajo de financiación pública es el que está en el poder en ese momento. Práctica prudente que limita los riesgos de utilizar el control de los fondos públicos para beneficio personal.

En algunos países, por ejemplo Holanda o Alemania, La financiación pública de los partidos se ajusta a la base social del apoyo que reciben las organizaciones. Por ejemplo, en un país alemán, la financiación pública se distribuye en función de los últimos resultados electorales y se reciben donaciones privadas que actúan como un fondo apropiado (fondo apropiado).

Según la ley alemana, solo un cierto porcentaje de los ingresos de los partidos puede financiarse con fondos públicos, y los subsidios públicos en ningún caso pueden exceder los ingresos privados. Con este decreto, Alemania se convirtió en el segundo país de Europa Occidental con menos fondos públicos para partidos políticos.

Las autoridades europeas han señalado repetidamente los riesgos derivados de un alto grado de dependencia de la financiación pública. El propio Comité de Ministros del Consejo de Europa recomendó en 2003 que la financiación pública de los partidos políticos se mantuviera siempre en un nivel razonable (véase el artículo 1. Recomendación Rec (2003) 4 del Comité de Ministros de los Estados miembros sobre la regulación anticorrupción en la financiación de campañas y partidos políticos).

Defender los subsidios públicos como principal fuente de ingresos implica aceptar que los partidos políticos son parte de la estructura estatal y negar, por el contrario, que son una iniciativa más de la sociedad civil. Como puede verse, lo que está en juego detrás de esta concepción es muy importante: el papel sociedad civil y control de las actividades políticas.

En el caso de la Iglesia, no existe tal problema, porque la decisión de financiarla o no se deja a los ciudadanos. Cada año, cuando preparan una declaración de impuestos, pueden «votar» por la Iglesia o retirar su confianza.

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